Rumbo a la hiperinflación; por Juan Páez Ávila

El grave problema que afronta el gobierno en la actualidad es  que las medidas económicas que ha tomado, a corto plazo, por sugerencia o imposición de los asesores cubanos o españoles,  inevitablemente conducen a mayor inflación y por lo tanto a mayor descontento, de lo ya no se exceptúan ni de las importaciones subsidiadas por el Poder Ejecutivo, que no han podido contener el alto costo de la vida, porque el mayor aumento en los precios lo han experimentado los alimentos, que anualizados superan el 100%. Y lo más grave aún es que esas importaciones subsidiadas con dólares petroleros han tenido como consecuencia una mayor ruina del aparato productivo del país, seriamente afectado por las ocupaciones de fincas en producción, por campesinos, y sobre todo por desempleados llevados de las ciudades, sin preparación técnica ni administrativa, y que hoy son testimonio de abandono e improductividad.

Nunca la sociedad venezolana, en los últimos 18 años de gobierno ¨revolucionario¨  había vivido, con la gravedad que expresan amas de casa y padres sostenes de familia, la espiral de la inflación, que algunos economistas calculan que ya estamos en hiperinflación,  y la destrucción del aparato productivo privado por autoridades gubernamentales, en un intento de sustituirlo por un capitalismo de Estado, y lo que ha hecho es convertir en un cementerio de chatarras a las fincas y empresas estatizadas.

 

No producen las empresas del Estado por incapacidad y corrupción de sus gerentes, y no produce la empresa privada por un permanente acoso, expropiación e incluso por la violencia de grupos armados afectos al oficialismo que reciben apoyo de la Guardia Nacional o de la policía, lo que los ha obligado a sacar del país lo que han podido salvar para comprar dólares en el mercado paralelo.

 

Y como la única alternativa frente  a la inflación es una mayor inversión de capitales en todos los rubros de la economía, una política justa de precios y una mayor seguridad jurídica y personal  para los productores industriales y agropecuarios, el gobierno no garantiza dichas inversiones, por lo que las políticas económicas decididas por Nicolás Maduro, continúan generando menos producción y mayor inflación.

 

De allí que el más alto costo de la vida lo ha generado el gobierno con unas políticas económicas y sociales contrarias al estímulo al trabajo y la producción en el campo, para sólo referirnos a la escasez de alimentos y su incontenible subida de precios en los mercados, incluso populares.  El elevado gasto público se ha encargado de crear una mayor demanda de bienes y servicios, sin que haya una mayor producción de los mismos.

 

El régimen chavomadurista se encuentra entrampado, porque si disminuye el gasto público que se expresa en ayudas transitorias a millones de desempleados, aumenta el descontento y la protesta con consecuencias negativas en las próximas elecciones; y si mantiene dicho gasto, sigue subiendo la inflación y los pobres tendrán que comer menos, acrecentándose la crítica y la indignación contra el gobierno. Con la quiebra de la industria y la agricultura privadas, para sustituirlas por empresas colectivas no sólo ha llevado al país a la ruina, sino que ha provocado también una reacción importante y cada día más consciente de la mayoría de la población, que  se apresta a cobrar, por la vía democrática.

 

En América Latina son muchos los gobiernos electos que han sido derrocados por la inflación, al convertirse éste en el impuesto más perverso y ruinoso que afecta fundamentalmente a los sectores populares.

Este artículo refleja la opinión personal de nuestro colaborador y no compromete la visión de la Fundación Espacio Abierto