Venezuela: Un Estado forajido?; por Pedro Luis Echeverría

El respeto a los derechos humanos, la inclusión social, el cumplimiento de las leyes, la independencia y pulcritud institucional del sistema judicial, entre otros, son principios básicos que deben ser observados por los países para consolidar la paz y la gobernabilidad en democracia.

Salvo algunas excepciones, en el mundo actual se ha venido construyendo un sólido cuerpo de principios éticos para la observancia de los derechos humanos, institucionalizado a través de instancias como son, entre otros, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la Corte Interamericana, la Corte Penal Internacional, Tratados y Protocolos  internacionales, las Convenciones de Naciones Unidas y el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Este cuerpo doctrinario, a su vez, está íntimamente ligado con el tema de la inclusión social para legitimar la democracia y que ésta se coloque al servicio de los grupos sociales más vulnerables y evitar así la explicable y extendida insatisfacción que existe sobre la eficacia de sus acciones. En síntesis la búsqueda de la equidad, sin distingos ideológicos, se ha convertido en un objetivo fundamental para procurar una adecuada redistribución del ingreso y una eficiente y efectiva protección social.

Igualmente, el fortalecimiento del respeto a la ley y el buen funcionamiento del poder judicial es la respuesta que el mundo actual está tratando de dar a las amenazas que se vislumbran sobre la gobernabilidad como son, por ejemplo, la aparición de regímenes forajidos y autoritarios, el inusitado auge de la violencia urbana, las arremetidas del narcotráfico y del terrorismo que pretenden  controlar y corroer la acción de los Estados y debilitar la estabilidad institucional de los países.

El desarrollo de programas para promover la democracia como forma de gobierno, asegurar la vigencia de los derechos humanos y crear más legitimidad a través de adecuados y bien focalizados programas sociales son los aspectos más destacados que la comunidad internacional  ha venido asumiendo multilateralmente. Ya no es posible el aislamiento. Los miembros de la comunidad internacional están hablando entre ellos de sus diferencias y problemas comunes. Democracias representativas, economías de libre mercado, gobiernos relativamente poco intervencionistas y protección de libertades fundamentales, son algunos de los  temas que conforman la agenda para la estabilidad internacional necesaria para el progreso y el desarrollo. Se trata de una fuerte acción multilateral para aislar a determinados países que incumplan con estos principios, garantizar elecciones limpias y transparentes, fortalecer los sistemas políticos y el establecimiento de efectivos y no discriminatorios programas para la lucha contra la pobreza.

La búsqueda de un común ideario es compleja. Es difícil encontrar identidades y aproximaciones que sustituyan las confrontaciones y rupturas que han caracterizado, durante los últimos años, las relaciones internacionales. Sin embargo, la primera gran tarea que se apresta a realizar la comunidad internacional será la de actuar coordinadamente para contribuir pragmáticamente a construir un nuevo modelo social de desarrollo que convoque a la unidad y al ejercicio de la corresponsabilidad colectiva y la observancia de las reglas multilaterales para la convivencia pacífica. Esos son los temas del derecho internacional  que irresponsablemente la forajida dictadura venezolana desdeña e incumple  y que han hecho que se profundice su aislamiento creciente de los centros del poder mundial y que algunos países le hayan aplicado legítimas y selectivas medidas unilaterales a determinados funcionarios al servicio de la satrapía de Maduro. El estrepitoso y costoso fiasco para el gobierno que ha significado el rechazo de los organismos multilaterales a sus gestiones; las dificultades que confrontamos en los mercados financieros externos para obtener financiamientos o reordenamientos del pago de nuestra deuda externa; las manifestaciones de crítica y rechazo al régimen por un gran número de personalidades, organizaciones y parlamentos del mundo; el repudio  de los países del Mercosur a la dirección y  membrecía venezolana en ese esquema de integración, son pruebas tangibles que nuestro país, por efectos de sus incontables y sistemáticos errores, cada vez tiene menos importancia, peso político e influencia en la comunidad internacional.

Este artículo refleja la opinión personal de nuestro colaborador y no compromete la visión de la Fundación Espacio Abierto