EL 80 % de los nuevos subalimentados de América Latina son venezolanos

Foro de ESPACIO ABIERTO   analiza “espiral de mortalidad”  que amenaza futuro de Venezuela.

El llamado es a integrar una “Alianza nacional para la Solidaridad Humanitaria” que nos involucre a todos.

Encender las alarmas y movilizar la responsabilidad ética de la sociedad civil venezolana frente a la la gravedad de la situación nutricional y sanitaria de nuestro país,  motivaron el Foro “Hambre, Desnutrición y Salud” que con los auspicios de la Fundación Espacio Abierto y moderado por el ingeniero Francisco Yepes  ocupó las instalaciones del hotel President este sábado 3 de febrero.

Y es que la conciencia de los asistentes no pudo evadir la cruda realidad que quedó evidenciada  en las dramáticas presentaciones de los ponentes especialistas en la materia convocados por Espacio Abierto, doctores Susana Rafalli y Felix Oleta,  las cuales fueron complementadas con las iniciativa y el sentido llamado a la participación activa  de todos para el alivio del problema que hiciera en Dr. Omar Barboza, en su condición de presidente de la Asamblea Nacional.

OMAR BARBOZA:      “Enfrentamos una crisis que se nos va de la mano y hace estragos”

Habiéndose declarado la crisis  humanitaria un tema prioritario para la Asamblea Nacional, nos corresponde asumir un liderazgo que privilegie la comunicación sobre la materia como eje fundamental, ya que es  el mejor camino para concientizar sobre la gravedad de la Emergencia  tanto a   lo interno y a lo externo, aseveró  el presidente de la Asamblea Nacional, doctor Omar Barboza, para dar inicio al Foro.

En este sentido, el ponente reiteró la intención de la Asamblea de promover la Alianza Nacional para la Solidaridad Humanitaria a fin de estimular y apoyar a las instituciones que hacen esfuerzos para aliviar y buscar soluciones de fondo a  síntomas tan puntuales de la crisis como el incremento de enfermedades ya controladas tipo malaria y tuberculosis, la reducción de peso promedio del venezolano entre 8 y 10 kilos, o la ubicación de los índices de desnutrición aguda en cifras cercanas al 15 %.

Para garantizar el éxito de esta iniciativa  requerimos de la concurso y la participación de todos, muy especialmente de quienes tienen capacidad de asesorar y proponer, finalizó refiriéndose a sus compañeros de panel.

“La situación es desesperada pues presentamos el peor desempeño alimentario de la región”

Así lo denunció sin ambages  la Dra Susana Rafalli, nutricionista y asesora del Programa Humanitario de Cáritas, quien explicó  que dicho trabajo de asistencia se concentra en la recuperación de los menores de 5 años que presentan daño nutricional y que en nuestro país  ya alcanza la alarmante cifra del 15% de esa población citada, lo que nos coloca en el umbral para declarar la emergencia según los parámetros de la OMS. “Estos niños son los más vulnerables pues no están institucionalizados y las consecuencias de la desnutrición en esa edad son definitivas”- aclara la ponente.

Y es que según Rafalli “todos los componentes que integran el sistema de seguridad alimentaria en Venezuela están severamente colapsados”. Tal es el caso de tanto de la producción de alimentos (producimos apenas el 33% de nuestras necesidades de energía), como de su disponibilidad y acceso (la oferta alimentaria no llega a nuestra mesa afectada por reducción de importaciones, controles políticos y por la hiperinflación), la posibilidad de aprovechamiento biológico del alimento (afectada por escasez de agua, gas y sistema sanitario en crisis) y finalmente el sistema de vigilancia y control (secuestrado por la censura  la opacidad en la información).

Enfrentamos entonces una realidad que nos coloca en la triste posición de tener el peor desempeño alimentario de la región: de dos millones de latinoamericanos que ingresaron a la categoría de subalimentados en los últimos tres años, un millón ochocientos mil son venezolanos- aseveró la ponente.

Los datos son por lo demás alarmantes: los niños se mueren con menos peso del que tuvieron al nacer y los venezolanos hemos dejado de incluir en nuestra dieta diaria la variedad de 9 alimentos mínimo requeridos para una nutrición adecuada, limitándonos apenas a 4: “Se está comiendo tubérculo, grano, y algo de aceite y azúcar” develan las encuestas.

Según Rafalli, cabe hacer especial mención de las estrategias de adaptación que ha desarrollado el venezolano para enfrentar la crisis, las cuales van desde el cambio de los patrones de consumo, pasan por la diminución de las raciones y termina en la terrible decisión de dispersar el grupo familiar, con las peligrosas consecuencias que se derivan de tal opción. “el 75%  de los niños que atendemos están bajo la responsabilidad de sus abuelas porque los padres han decidido emigrar”, ejemplifica.    “La gente decide vender sus neveras vacías, o la moto con lo que se ganan la vida para comprar comida. Prefieren hipotecar su futuro y resolver así sus necesidades inmediatas”

La restricción del espacio humanitario aceptado como tal, destaca entre los agravantes de la situación,  los cuales   se constituyen todos  en serias limitaciones operativas.  Se suman  la crisis sanitaria, el colapso de los servicios de agua, la crisis energética, las consecuencias devenidas de las migraciones y muy especialmente, la falta de información.  “Sabemos de hogares que reciben apenas tres horas de agua a la semana así como de la dificultad para tener acceso al gas de bombona. Sin estos factores es imposible una nutrición adecuada”. Aclara Rafalli.

Por si fuera poco, el Estado ha asumido la distribución de los alimentos obviando su papel regulador y utilizando criterios políticos más no alimentarios.  Y hasta las protestas de calle reducen la oferta alimentaria. Enfrentamos pues una situación de desgaste, miedo y desesperanza que implica daños acumulados irreversibles y un evidente estado regresivo del derecho a la alimentación de los venezolanos.

Definitivamente no hay capacidad de respuesta para la emergencia humanitaria compleja que enfrentamos, muy especialmente porque hasta se nos niega esa calificación- explica Rafalli.  La oscuridad y la opacidad no reflejan otra cosa que la pérdida de control del sistema alimentario por parte del Estado, por lo que a juicio de la ponente,  la Agenda Urgente que nos corresponde desarrollar para contener el daño que puede ya ser irreversible, consiste en documentar, monitorear y registrar el agravamiento de la situación con miras a generar y forzar la necesaria asistencia humanitaria. Nos urge ejercer pedagogía ciudadana y reclamar nuestros derechos a fin de lograr una flexibilización de las limitaciones que imposibilitan el trabajo conjunto de la cooperación internacional y la sociedad civil con el Estado, que al fin y al cabo es el responsable de la situación. Tenemos derecho a otra cosa y estamos en la obligación de exigirlo- finalizó.

Se oculta la información sobre 72 enfermedades de notificación obligatoria.

Las cifras de mortalidad materno-infantil, así como el desconocimiento de la epidemia de violencia que nos agobia,  son vergonzantes- expresó el internista y ex Ministro de Sanidad  Felix Oletta, en el marco de un contundente y sobrecogedor repaso de la realidad epidemiológica de Venezuela según él,  “caracterizada por la opacidad  y la ineficiencia por parte del Estado.”  “Estamos exportando malaria, difteria y sarampión  El  Ministerio de Salud no le sigue el paso a las epidemias, las cuales  no son controladas pero sí ocultadas”- aseveró.

Y es que a su juicio, la omisión de información nos convierte en “parias sanitarios” por lo que insistió en su reclamo directo a las autoridades sanitarias. “Estamos reconociendo enfermedades del pasado y me atrevo a afirmar que enfrentamos un retroceso de 60 años que sin lugar a dudas empeña nuestra soberanía nacional”. Dependemos en un 90 % de medicinas importadas y la disponibilidad de hipertensivos, antibióticos y sicotrópicos apenas alcanza un 2 %. Hay un millón quinientos mil niños sin vacunar o con las vacunas incompletas y la deuda quirúrgica de los hospitales ronda el 26%.

En este sentido,  Oletta insistió en la dimensión ética del problema e hizo un firme llamado tanto a la reflexión ético-política de quienes gobiernan,  como a la templanza y a la resistencia pacífica, critica y activa de los actores de la sociedad civil.  Los datos están subestimados y sobre esa base es imposible acercarse a una solución. El sistema esta fracturado y es urgente acometer la tarea de la reconstrucción y el fortalecimiento de las instituciones. “Es inaceptable que se condicione una medicina, una vacuna o una historia clínica a la tenencia de un instrumento político como lo es el carnet de la patria”-aseveró.

Finalmente ,  Oletta coincidió con  Rafallí en la importancia de la denuncia pública y del establecimiento de alianzas  como instrumento de sobrevivencia frente al caos , así como en la obligación  educativa y pedagógica que todos tenemos de remarcar nuestro derecho a la salud, el cual va desde un trato digno, hasta la disponibilidad de la información.

La crisis humanitaria es un problema de todos.