La dictadura y los comicios presidenciales 2018; por Gonzalo González

En Venezuela deben celebrarse elecciones presidenciales este año, así lo prescribe la Constitución (por vencimiento del período) y lo demanda  mayoritariamente el país que desea un cambio de gobierno por el evidente fracaso de la gestión chavista para gestionar con éxito la crisis y sentar las bases para superarla. Ese fracaso le ha creado al régimen una crisis de representatividad enorme e irreversible.

El Madurato está superado por la crisis, producto ella de la terquedad oficialista en aplicar un modelo que ha conducido al país a la conjunción nefasta de recesión, hiperinflación, escasez de productos básicos y la ausencia de medios de pago suficiente entre otros problemas. Empobrecimiento generalizado de la población, hambre, muertes por mengua y demás calamidades son las terribles consecuencias. En fin un retroceso colosal en la calidad de vida del venezolano común.

Un nuevo Gobierno salido de unas elecciones realizadas cumpliendo con todos los requisitos que al respecto establece la legalidad vigente es la mejor opción para enrumbar a la nación por otros derroteros más afines con los intereses de la sociedad.

El problema es que no estamos bajo el imperio de la Constitución sino gobernados por un gobierno de facto, por una dictadura. Y a las dictaduras no les gusta ni les convienen los comicios libres, justos y competitivos. Es por ello que los proscriben o los bastardean en tal medida que las elecciones resultantes no expresan la voluntad ciudadana  sino los intereses continuistas de los déspotas de turno.

Para no ir allende nuestras fronteras, Pérez Jiménez en1957 se inventó un Plebiscito para burlar su propia Constitución – que prescribía elecciones generales en 1958 -; hoy el  chavismo, vía Constituyente ilegal, se inventa un adelanto de elecciones carente de todas las garantías necesarias para que esos comicios sean libres, justos y competitivos con la finalidad de perpetuarse en el poder.

La maniobra del oficialismo comienza manipulando a conveniencia el calendario electoral, cuando esto escribo (martes 6de febrero) todavía no hay decisión oficial sobre la fecha, el CNE parece jugar al gato y el ratón en este particular. Actitud contraria por definición a la de un auténtico árbitro. Continúa con la ilegalización e inhabilitación de actores políticos de la oposición, coartando el libre derecho al voto cuando utiliza el Carnet de la Patria y los CLAP para presionar, condicionar y manipular el voto de los electores, se cambia a discreción centros  votación para favorecer al PSUV y se esconde el Padrón Electoral y no se permite la incorporación al mismo de los nuevos votantes y de los venezolanos residentes en el exterior y se designa también a discreción los miembros de mesa. Las irregularidades mencionadas no agotan el inventario pero son suficientes para ilustrar la magnitud del déficit democrático del proceso  que se busca precipitar.

Es tan burda la maniobra y tan evidente la intención fraudulenta que la comunidad internacional democrática alerta sobre el particular y avisa que no reconocerá al Gobierno surgido del proceso fraudulento.

La oposición democrática no debe prestarse al fraude en progreso y por lo tanto no debe participar de comicio alguno que no respete la legalidad vigente ni contenga las garantías de un proceso libre, justo y competitivo.

Concebimos la no participación como un acto de resistencia activa que movilice a la ciudadanía y a sus organizaciones para combatir el fraude y deslegitimar al proceso. Para Maduro las elecciones adelantadas y fraudulentas deben convertirse en lo que resulto el plebiscito de Pérez Jiménez en 1957: el principio del fin.

Las fuerzas democráticas deben aprovechar ésta coyuntura para reconstruir la unidad en torno a un plan de lucha contra la dictadura, por unas elecciones libres y por la conformación de un amplio frente de unidad nacional con visión estratégica no solo para salir del régimen sino para que esa unidad nacional se transforme  en un Gobierno de unidad nacional para restituir el imperio de la Constitución y construir un país libre, próspero, seguro e inclusivo.

Este artículo refleja la opinión personal de nuestro colaborador y no compromete la visión de la Fundación Espacio Abierto